End Time Books

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Por Jaime Ortega.

Anochece en el mundo del libro. Cuatrocientos años después de su llegada el maelstrom tecnológico ha encontrado un soporte más avanzado para la comunicación de información textual y gráfica que el viejo libro. El mecanismo tiene algunos defectos que no obstante la industria subsanará en breve, recordemos que tampoco los primeros libros eran baratos, cómodos y accesibles. Es el signo de los tiempos o del fin de los tiempos.

En su momento también la imprenta le hizo la vida más difícil a no pocos profesionales. Ahora nos toca a nosotros, libreros, editores, distribuidores. La liviandad del bit se impone rápidamente, esa misteriosa furia de ceros y unos arremete con fuerza en los otrahora inexpugnables acantilados de la cultura. Es un momento épico, deberíamos aprender a disfrutarlo.

Por eso este año nuestro lema es tempestad e ímpetu. Recuperando el espíritu de los primeros románticos alemanes nos lanzamos al abismo de la Feria con algunas propuestas un tanto apocalípticas. Antes de desglosarlas no sería malo recordar que, si bien las amenazas que penden sobre la industria del libro son enormes, no es menos cierto que existe la posibilidad (remota pero no inexistente), de que los grandes grupos editoriales hayan aprendido algo sobre lo sucedido en el mundo de la música y el mercado del dvd. También es cierto que el cortoplacismo de los consejos de administración de estos grupos así como la vertiginosa dinámica del mercado de las nuevas tecnologías harán muy difícil que no se suiciden en masa.

No obstante, aunque peliagudo, el problema probablemente tenga solución, y esta sin duda pasa por pensar sobre él, reflexionar fríamente sin caer en la complacencia que supondría pensar algo tan obvio como que el libro nunca morirá. Que el formato es definitivo y que las pantallas no son rival para la maravillosa textura del papel.

A nosotros nos gustan los libros, nos parecen unas maquinitas estupendas, resistentes, intercambiables, livianas, sobre las que se puede interactuar con algo tan sencillo como un bolígrafo, un producto muy evolucionado que cumple a la perfección su cometido: transmitir y almacenar información.

No obstante quien ha visto un Ipad ha visto que la apuesta es seria, que se puede leer muy bien sobre su cristalina interface, que la batería aguanta lo suyo, que sirve además para un montón de cosas para las que el libro no sirve. El problema es que difícilmente encontraremos los libros que no buscamos, aquellos que cuando paseamos por las librerías de nuestra ciudad nos llaman a gritos desde una estantería y nos obligan a gastarnos los ahorrillos.

El nuevo formato pierde en fisicidad y por tanto ignora un componente esencial en las relaciones comerciales entre editores y compradores, entre el objeto y el humano, la atracción de la cosa.

Por eso el libro no desaparecerá, seguirán existiendo editores y seguirán existiendo creadores. Lo que, si no se nos ocurre algo rápido, dejará de haber serán libreros y distribuidores. Y por esa brecha caerán también los editores que, si ya hoy en día, usando una enorme red de librerías como soporte para su proyecto, sufren grandes dificultades económicas, se verán avocados a un amateurismo que en nada beneficiará a sus productos.

«El abismo que separa la edad del manuscrito de la edad de la imprenta no siempre es algo debidamente comprendido y tenido en cuenta por quienes empiezan a leer ya estudiar literatura». Así comienza un artículo del Tomo 1 de la HCLT denominado «verso y prosa literatura para oír y literatura para leer». Siempre me ha resultado esclarecedor, quizás el elemento más esclarecedor para situar mi mente en el espacio conceptual requerido para comprender el proceso, complejo y emocionante, que supone el estudio de la transmisión de conocimientos, de la comunicación, al fin y al cabo.

Porque la historia de la humanidad es también la historia de sus distintos métodos de almacenamiento y transmisión de información, desde el enorme prestigio de la ciencia nemotécnica hasta nuestro presente digital solo ha habido un elemento intermedio, el libro. Durante cinco siglos ha reinado en el mundo del almacenamiento y transmisión de información textual y gráfica.

La biblioteca ha sido el centro del conocimiento, nuestra memoria extendida, una suerte de segundo cerebro tan amplio como el tiempo del que disponía el usuario.

Hubo, sin embargo, una época en la que la nemotecnia y el libro convivieron, también el manuscrito como representante último de la ciencia de la memoria sobrevivió casi sesenta años a la llegada de la imprenta. No obstante las ventajas del libro impreso eran tales que la escritura manual dejó de ser la herramienta de transmisión y almacenamiento público para limitarse al universo de las relaciones privadas. Los copistas aún tuvieron trabajo durante los primeros sesenta años de funcionamiento de la imprenta, incluso intentaron hacer valer la fuerza de su gremio y llegaron a conseguir que en fecha tan tardía como fue 1534 Francisco I firmase un decreto que prohibía la actividad de impresores en París. Sin embargo, al igual que está sucediendo hoy con las leyes de protección de datos culturales, la realidad se impuso y el decreto nunca llegó a hacerse efectivo.

La fuerza.motora de la innovación sobrepasa siempre a las leyes restrictivas. En esta película no hay ni buenos ni malos; es simplemente, como diría Benjamin, un cuento de hadas dialéctico. El placer que proporcionan los objetos lo siguen proporcionando otros objetos, placeres que devienen del contacto matérico se transmutan en placeres que devienen del enorme abanico de posibilidades que incorpora el universo digital. Es en definitiva un cambio y como tal nunca podremos saber si es a mejor o peor pues cualquier juicio que hagamos incorporará a su valoración la nostalgia del pasado.

Los ingenieros, tras muchos años, han conseguido comercializar un producto relativamente nuevo. En otros ámbitos ya lo habían logrado: reproductores portátiles de música y grabadores de vídeo y audio son una realidad que ya tiene su prehistoria en los cassetes y cámaras de video, prehistoria que convive con una recentísima realidad digital.

La diferencia, sin embargo, estriba en el enorme prestigio alcanzado por el objeto libro. Frente a él, el reproductor de vinilos es apenas un niño pequeño y el proyector de cine o super 8 apenas un bebé.

Su prestigio se justifica por ser una solución óptima a un problema recurrente, como las soluciones matemáticas y las de la ingeniería. El libro es una solución de ingeniería; el libro, frente al rollo de papiro, la tableta de arcilla o la xilografía china, es una solución definitivamente elegante. Es algo así como la rueda al movimiento, se puede vivir sin ella pero una vez inventada no encontrarás mejoras radicales, solo mejoras. Por eso el libro posee ese prestigio que hará de él un duro contrincante a batir, valga la metáfora.

El libro electrónico incorpora, sin embargo, elementos sumamente inquietantes para el viejo libro, como la posibilidad de crear un nuevo género comunicacional, la novela social y transnovela y la ya contrastada ventaja del hipertexto en los documentos de consulta. La posibilidad de acceder a la biblioteca universal desde cualquier lugar no es un elemento insignificante.

La adaptación de los hábitos de lectura a los nuevos medios será, en definitiva, la que marque el futuro de la edición. Con toda probabilidad el libro electrónico impondrá sus ventajas a los libros que hoy conocemos, no porque supere la solución que supuso el tipo móvil frente al problema que suponía el almacenamiento seguro de datos, sino porque es una evolución natural del mismo y porque resuelve problemas de gestión, IIamémosla, medioambiental.

Hay más margen de beneficio en los objetos no matéricos que en los matéricos y el libro electrónico es en ese sentido mucho más rentable.

No es seguro, sin embargo, que nuestra mentalidad como consumidores supere la prueba de pagar solo por la información. Está tan arraigado en nuestra cultura el intercambio objetual frente al intercambio solo de datos, que habrá que ver cuántos consumidores siguen deseando comprar solo la información que reside en los libros, especialmente en los literarios. Es muy probable que tras la experiencia de la metamorfosis del sector del libro de lo analógico a lo digital se vuelva a apreciar el objeto como un valor de consumo y por tanto como un elemento generador de economía y conocimiento.

Todos los que conocemos en profundidad el libro sabemos que no es lo mismo una edición que otra, sabemos que hay libros que hay que guardar y libros que no nos importa perder o romper, en esa dialéctica está probablemente el futuro del libro, una convivencia entre dos mundos que con el tiempo generará dos, usemos la analogía clásica, géneros.

El problema al que nos enfrentamos, sin embargo, es el de una súbita disolución de una industria y el nacimiento de otra, con nuevas reglas, protocolos aún por crear, formas de obtener beneficio muy distintas a las que hoy en día utilizamos. Y, a su vez y lo que puede que sea más importante, a una nueva frontera en el mundo de las posibilidades comunicacionales.

Las nuevas tecnologías de lectura generarán nuevos contenidos y esos contenidos, dada su idiosincrasia multimedial no podrán ser reproducidos por el lector portátil clásico, el libro.

El reinado de los contenidos textuales orientados a su difusión en forma de libro, el reinado de la novela en definitiva, podría estar llegando a su fin.

Quizás nuestro presente sea visto en el futuro como un momento clave en la larga historia de la difusión de las palabras, los nuevos medios generarán nuevos géneros, literatura para ver, quizás, junto a la literatura para leer y la literatura para escuchar que hasta ahora hemos conocido.

 VALGA LA REDUNDANCIA

De cualquier manera lo importante, como siempre, es no dejarse arrastrar por los acontecimientos. En el caso de los editores, su trabajo consiste precisamente en eso, en anticiparse al lector, darle lo que él aún no sabe que necesita, ser innovador en los contenidos y en el criterio. En el caso del pequeño librero su trabajo no es otro que facilitarle al lector libros emocionantes para su día a día; anticiparse, por tanto, a sus gustos. Es posible que todo esto pueda hacerse sin el medio físico, sin el libro, pero aún no se nos ocurre cómo. Uno de los objetivos de estos encuentros es ese: visualizar medios alternativos, modos de anticiparse al futuro inminente. No debería ser difícil pues, en parte, nos dedicamos a eso. En nuestra opinión, y es solo una opinión, la situación exige innovación cierta radicalización, profundizar en las relaciones entre editores y libreros, crear algún tipo de mecanismo que sustituya al ya hoy, cuando la tormenta aún no ha estallado, obsoleto sistema editor-distribuidor-librero.

Siempre se ha dicho de nuestro negocio que es un negocio romántico. Hagamos pues una Feria del Libro romántica, un reencuentro con el Pathos, y a través del dolor y de la luna llena, pasemos unos días estupendos en los Jardines de Viveros. Tempestad e ímpetu para los libros del fin del libro, y si lo que se avecina es realmente el fin que, al menos, sea creativo.

END TIMES BOOKS

ENTRE LAS INFINITAS POSIBILIDADES QUE OFRECE EL FUTURO LOS SLAUGHTERHOUSE y ODISSEU LLIBRES SE HAN ENTRETENIDO TRAZANDO UNA SECUENCIA TEMPORAL PARA EL FUTURO INMINENTE.

AÑO 1, ANTIGUO 2011. NAVIDAD. LAS GRANDES CADENAS DE LIBRERÍAS SUFREN UNA CAÍDA DEL 7% EN SUS VENTAS DE LlBROS EN SOPORTE PAPEL. LAS EMPRESAS DE TELECOMUNICACIONES REGALAN MASIVAMENTE REPRODUCTORES MULTIMEDIA PORTÁTILES. LAS GRANDES EDITORIALES LANZAN SUS NOVEDADES EN FORMATO DIGITAL Y REDUCEN DRÁSTICAMENTE LA PRODUCCIÓN EN PAPEL.

AÑO 2, ANTIGUO 2012. NAVIDAD. LAS GRANDES CADENAS DE LIBRERÍAS DEDICAN SOLO UN 30% DE SU ESPACIO A LAS EDICIONES EN PAPEL. LAS DISTRIBUIDORAS NO ESPECIALIZADAS CIERRAN. LAS GRANDES EDITORIALES SOBREVIVEN GRACIAS A LA VENTA DE PRODUCTOS DIGITALES EN EL MERCADO PROTESTANTE, EL MERCADO CATÓLICO Y AGNÓSTICO SE VUELCA DE UN MODO ENTUSIASTA EN LA DESCARGA LIBRE DE CONTENIDOS.

LOS EDITORES HERÓICOS COMETEN EL ERROR DE VENDER SOLO EN FIRME A LOS LIBREROS HERÓICOS. TANTO UNOS COMO OTROS DESAPARECEN DE LA VIDA COTIDIANA.

AÑO 3, ANTIGUO 2013. NAVIDAD. EL MERCADO DE SEGUNDA MANO Y COLECCIONISMO VIVE UNA PRIMAVERA SIN PRECEDENTES. EL RESTO NOS DECICAMOS A LOS FANCINES y A LA EDICIÓN EXPERIMENTAL INCLUSO PUEDE QUE A VENDER CERVEZA.

ESTA SECUENCIA, QUE APENAS HACE UN AÑO PODRIA PARECER FRUTO DE LA MENTE ENFERMA DE UN TRISTE LIBRERO PESIMISTA ES, HOY POR HOY BASTANTE PLAUSIBLE. EVIDENTEMENTE LA REALIDAD NOS DEPARARÁ SORPRESAS Y ES AHORA EL MOMENTO DE PROVOCARLAS. EN PRIMER LUGAR LOS EDITORES HERÓICOS Y LOS VISIONARIOS HERÓICOS PODRÍAN LLEGAR A UN ACUERDO DE DISTRIBUCIÓN EN ELQUE LAS REGLAS NO LAS PUSIESEN LAS DISTRIBUIDORAS, QUE PROBABLEMENTE SERÁN LAS PRIMERAS EN ECHAR EL CIERRE. EN SEGUNDO LUGAR PODRÍAN VOLVER A CONFIAR UNOS EN OTROS FACILITANDO DEPÓSITOS A LOS LIBREROS CON ALGÚN TIPO DE GARANTÍA.

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